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Hora de invertir bien y de pagar menos impuestos

Armar carteras teniendo en cuenta rendimiento, ganancias y bienes personales.

  Hora de invertir bien y de pagar menos impuestos

Llega el momento del año en que los inversores consultan a sus asesores financieros y estudios contables. El objetivo es el mismo: armar la cartera ideal para salir lo mejor posible en la foto del 31 de diciembre. Este año la cuestión en más compleja que a fin de 2017.

La reforma tributaria de diciembre pasado incluyó a la renta financiera en el Impuesto a las Ganancias y los títulos públicos, que antes estaban exentos, ahora pagan alícuotas del 15%, los denominados en dólares y un 5% los que son en moneda local, por encima del mínimo no imponible de $66.917,50.

Los bonos soberanos nacionales, provinciales y municipales ($ y u$s) siguen al margen del Impuesto a los Bienes Personales, a partir del anterior mínimo de $1.050.000.

Las consultas apuntan a lograr la combinación más adecuada para invertir bien y pagar menos impuestos. La que tenga, más allá del rendimiento, la estructura que contemple el aspecto tributario.

¿Qué conviene más? “No existe una fórmula ideal”, opina el tributarista César Litvin. “Depende de cada contribuyente y de sus activos. Hay títulos de Brasil y Bolivia, que por convenio entre los países están exceptuados de Ganancias (en Argentina), pero sí están alcanzados por Bienes Personales”.

Una salida sería pasar el año en soberanos brasileños para eludir Ganancias y antes de fin de año pasarse a un bono argentino, para esquivar el impuesto a la riqueza. Pero cuidando de no entrar el 30 de diciembre y salir el 2 de enero, porque allí la AFIP podría aplicar el principio de “realidad económica”: es decir, que a través de una estructura jurídica legal, el inversor no estaba buscando la inversión en sí misma, sino la elusión de los impuestos.

Quizás, para intentarlo, debería esperar a febrero para volver a modificar la cartera. Pero ahí ya entran a jugar otros factores. Como el riesgo de los papeles. Algo que tienen muy presente quienes a fin de 2017 se posicionaron, por caso, en Bonar 24. Un ejemplo: un inversor puede haber ahorrado 0,5% de Bienes y con lo que cayeron los bonos perder 20%. Según el Índice MAE, desde enero los títulos más líquidos negociados en el mercado secundario perdieron 18,6% promedio.

Además de este antecedente, hay un detalle que enciende luces ámbar. Los bonos cortos están rindiendo entre 3,9% (como el Bonar 19, ley NY) y 5,8% (Dual Banco Nación). El primero vence en abril y el segundo en junio próximo. Ambos, antes de la definición de las listas y de las PASO de 2019. Después de esa línea imaginaria, los títulos argentinos cotizan con rendimientos cercanos o superiores a 10% anual.

No es casual. El inversor tiene incorporado como un hecho que el FMI aportará los recursos suficientes para, de algún modo, garantizar el cumplimiento de los compromisos de la deuda. Está previsto que el grueso de los desembolsos ocurra entre diciembre próximo y fin de 2019.

¿Y después? Depende de que el país recupere la confianza, baje las necesidades de financiamiento y quienes venían prestando para cubrir el déficit fiscal se sientan animados a renovar sus vencimientos y agregar nuevas partidas para la Argentina.

Los riesgos los planteó el propio FMI en el Memo del último acuerdo firmado en octubre. Los dejó explicitados la calificadora Fitch al bajar a “negativa” la perspectiva para la deuda soberana. A lo que se sumó Moody´s, la semana pasada, con otras advertencias. El EMBI Argentina está en 658 puntos, casi 400 por encima del riesgo de Brasil.

Todos tienen en común las dudas sobre la posibilidad de que el país pueda cumplir con el déficit cero. Por factores externos, pero también locales, como la recesión económica, la inflación aún rebelde y la incertidumbre política por un eventual triunfo de la oposición que está en las antípodas de Cambiemos. Y tal vez, además, por un Macri reelecto que siga sin acertar con el manejo de la macro, como advirtió vía Twitter el economista Christian Buteler.

Dato no menor, porque en los supuestos que usó Hacienda para el Presupuesto y el acuerdo con el FMI estimó una renovación de 70% de la deuda privada. El tema no son los vencimientos dentro del Estado. Ni los de los bancos, cuyo capital está integrado en buena parte en títulos públicos. Es lo que harán los hedge funds y los inversores privados.

En este escenario es que se deberá decidir qué hacer con las carteras. El que tiene Bonar 24 seguro lo conservará en diciembre para no tomar la pérdida. ¿Y el resto?

Los expertos del mercado, en general, recomiendan las siguientes carteras, según el perfil del inversor:

1) Conservador: dólares, bajo el formato de un Fondo Común de Inversión local, integrado por títulos soberanos con una duration promedio de 12 meses y nunca mayor a 2 años.

2) Moderado: Un 20% idem FCI Conservador; 30% en Letes de 6 meses (rinden 4%) y el 50% restante en Bonar 24 (10,2%).

3) Agresivo: un tercio en bonos soberanos (Bonar 20+), o provinciales (Córdoba, Mendoza, Buenos Aires; entre 11% y 13%) otro tercio en bonos brasileños (Brasil 21, con un yield de 4,25%), el resto en pesos, dividido entre un fondo local y oportunidades que aparezcan en equities.

Quienes buscan un poco más de adrenalina podrían incorporar ADR (y venderlos aquí para evitar Ganancias), títulos municipales o alguna de las variantes soberanas en pesos: flotantes (Bocan) o ajustables por inflación (Boncer).

POR ALEJANDRO COLLE.-

22 noviembre, 2018

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